A mi me ha tenido que mirar un tuerto. Estoy totalmente seguro y convencido. Y voy a explicar brévemente por qué estoy tan seguro.
El día 18 del presente mes de Diciembre me acabaron de montar la buhardilla de mi nueva casa. Toda de madera. Preciosa. Lo normal en esos casos es echar el proyectado encima y, después, proceder a tapar esas maderas y ese proyectado con todo lo que falta para acabar la casa, es decir y verbigracia: ¡¡ tejado y tejas ¡¡
Pues no.
Después de puestas las maderas, vigas y planchas y esperando como agua de mayo a los técnicos que tenían que echar el proyectado, va y se nos pone a llover, justo al día siguiente. En esas condiciones, totalmente prohibido hacer nada. Al albañil no le queda más remedio que cubrir toda la madera con unas enormes telas plastificadas para proteger las mismas de las inclemencias acuosas.
Sigue lloviendo durante varios días. Imposible hacer nada.
Deja de llover y vienen nieblas. Imposible hacer nada.
Se van las nieblas. Sale el sol. El albañil destapa las maderas para que se sequen porque habían cogido humedad.
Se secan. El albañil llama a los técnicos del proyectado para que vengan HOY POR LA TARDE.
Justo a las cuatro de la tarde, momentos antes de que vengan, comienza a subir una niebla cerrada y fria...¡¡¡mecagoentodoloquesemenea¡¡¡
Y no sólo eso: ¡¡ llaman los del proyectado diciendo que se les ha roto la máquina y que hoy no pueden venir, que lo dejan para el próximo miércoles, claro, las fiestas de Fin de Año de por medio...
El albañil, vuelta a subir al tejado, a la techumbre de madera, con todas las lonas plastificadas para volver a tapar las maderas, todo el techado de la buhardilla, hasta el próximo miércoles, siempre y cuando, entre tanto, no llueva y me vuelva a humedecer la madera...¡¡yo mato a alguien...¡¡
Y todo esto, habiendo estado cinco meses seguidos sin caer ni una gota de agua, ni una niebla ni media, sin una humedad ni en sueños.
¿Por qué me han tenido que mirar todos los tuertos del mundo a mí? ¿Tan guapo soy? Bueno, si lo miramos por ese lado, he de decir que mi abuela siempre decía que yo era el nieto más guapo del mundo mundial, y las abuelas siempre tienen razón.
Pero lo del tuerto...
¿Me han mirado mil tuertos o no?
Feliz fin de semana.
viernes, 28 de diciembre de 2007
jueves, 27 de diciembre de 2007
Cambiar o no cambiar de moto...
Esta mañana, mientras me dirigía a la oficina de correos a depositar unas postales navideñas para unos amigos me he encontrado con otro amigo motero que estaba en la puerta de su garaje hablando por teléfono.
- Voy a vender la moto -me ha soltado de entrada.
En ese momento llegaba su señora andando y ha oido lo que mi amigo me estaba soltando. Ha sonreído y ha negado con la cabeza.
- Me voy a comprar una GoldWing 1800
- ¡Te vas a comprar una poca leche...¡ -ha dicho su señora.
Esa moto también me gusta a mí lo que pasa es que ahora, tal y como estoy con el tema de la construcción de mi nueva casa y con unos pagos de mil pares de narices, si me meto en esos berenjenales, mi señora me arranca la cabeza de cuajo, la planta en el campo para ver si toma y se queda tan fresca. Y yo no estoy por la labor de perder lo que llevo encima de los hombros.
Con la moto que tengo me sobra y me resobra. Capacidad para llevar bolsas grandes de deporte con ropa para una semana, tiene. Comodidad para piloto y pakete, también. Rápida, potente y segura, tres cuartos de lo mismo...¿qué más quiero? ¿ir por la carretera a 300 km. por hora?. ¡Pues como que no¡.
En eso hemos quedado con mi amigo: en que, de momento, ni vende su moto ni se compra otra...Y si tiene narices que se enfrente a su señora, que es, como todas las señoras, quien manda en casa.
Y ahora, como hace una tarde preciosa, me voy, con el permiso del respetable, a dar una vuelta con mi moto, con esa moto que espero me dure, por lo menos, cuatro o cinco años más...¡¡¡mínimo¡¡¡
Feliz fin de semana.
- Voy a vender la moto -me ha soltado de entrada.
En ese momento llegaba su señora andando y ha oido lo que mi amigo me estaba soltando. Ha sonreído y ha negado con la cabeza.
- Me voy a comprar una GoldWing 1800
- ¡Te vas a comprar una poca leche...¡ -ha dicho su señora.
Esa moto también me gusta a mí lo que pasa es que ahora, tal y como estoy con el tema de la construcción de mi nueva casa y con unos pagos de mil pares de narices, si me meto en esos berenjenales, mi señora me arranca la cabeza de cuajo, la planta en el campo para ver si toma y se queda tan fresca. Y yo no estoy por la labor de perder lo que llevo encima de los hombros.
Con la moto que tengo me sobra y me resobra. Capacidad para llevar bolsas grandes de deporte con ropa para una semana, tiene. Comodidad para piloto y pakete, también. Rápida, potente y segura, tres cuartos de lo mismo...¿qué más quiero? ¿ir por la carretera a 300 km. por hora?. ¡Pues como que no¡.
En eso hemos quedado con mi amigo: en que, de momento, ni vende su moto ni se compra otra...Y si tiene narices que se enfrente a su señora, que es, como todas las señoras, quien manda en casa.
Y ahora, como hace una tarde preciosa, me voy, con el permiso del respetable, a dar una vuelta con mi moto, con esa moto que espero me dure, por lo menos, cuatro o cinco años más...¡¡¡mínimo¡¡¡
Feliz fin de semana.
A veces me acuerdo...
A veces me acuerdo de aquellos días en los que, siendo yo muy niño, me iba, después de cenar en casa con mis padres, a casa de mis abuelos que vivían en la parte alta de Mi Localidad, una casa de esas con una cuadra en el patio donde se alojaban las caballerías, una bodega subterranea donde se hacía y almacenaba el vino, y una cuarto donde se amasaba el pan y donde, en grandes arcones, se guardaban los panes que se hacían y que duraban semanas sin ponerse duros, exactamente igual que ahora, que una simple barra de pan, de un día para otro, se pone dura como el pie de Cristo.
Pues eso, que me iba a casa de mis abuelos y me sentaba en la banca que tenían junto al fuego, al lado de mi abuelo, y me quedaba mirando el juego de las llamas bailando sobre los troncos de leña de olivo mientras mi abuelo, con unas tenazas plateadas y labradas con gráficos en sus mangos, atizaba el fuego de vez en cuando. Mi abuela, mientras, sentada frente al fogón en una sillita baja, hablaba o, como yo, contemplaba el baile del fuego.
El resto de la cocina, con la luz apagada, sólamente recibía el resplandor de las llamas del fogón, y las sombras de nuestros cuerpos apoyándose sobre las paredes de la cocina mientras temblaban al libre capricho del baile del fuego.
Casi siempre acababa yo recostándome sobre el costado derecho de mi abuelo, cansado, adormecido por la calor del fuego y por su visión hipnotizadora.
Sensaciones de niñez que nunca jamás volverán pero que nunca jamás, igualmente, desaparecerán de mi memoria.
Feliz Fin de semana.
Pues eso, que me iba a casa de mis abuelos y me sentaba en la banca que tenían junto al fuego, al lado de mi abuelo, y me quedaba mirando el juego de las llamas bailando sobre los troncos de leña de olivo mientras mi abuelo, con unas tenazas plateadas y labradas con gráficos en sus mangos, atizaba el fuego de vez en cuando. Mi abuela, mientras, sentada frente al fogón en una sillita baja, hablaba o, como yo, contemplaba el baile del fuego.
El resto de la cocina, con la luz apagada, sólamente recibía el resplandor de las llamas del fogón, y las sombras de nuestros cuerpos apoyándose sobre las paredes de la cocina mientras temblaban al libre capricho del baile del fuego.
Casi siempre acababa yo recostándome sobre el costado derecho de mi abuelo, cansado, adormecido por la calor del fuego y por su visión hipnotizadora.
Sensaciones de niñez que nunca jamás volverán pero que nunca jamás, igualmente, desaparecerán de mi memoria.
Feliz Fin de semana.
miércoles, 26 de diciembre de 2007
Feliz Navidad...
El monovolumen se deslizaba por una carretera húmeda de niebla. Ésta ya había levantado algo pero seguía habiendo en el ambiente ese tono gris que duele en los ojos.
A ambos lados de la carretera, árboles. Los más alejados se veían como desdibujados, borrosos, quietos. La tierra húmeda, y dentro del habitáculo del coche, una suave calor que hacía más desagradable, si cabe, la situación exterior del ambiente neblinoso.
Una música relajante acompañaba al conductor que, golpeteando con los dedos sobre el volante del coche iba acompañando el ritmo de la música.
Se dirigía a casa, a pasar unas felices navidades con la familia a quienes hacía más de tres semanas que no veía: ¡este maldito trabajo que me hace estar hoy aquí y mañana Dios sabe dónde...¡
La velocidad, algo alta. La carretera está bien, pensaba. Algo húmeda, pero bien.
Ya no hay tráfico, todos están en casa y yo, como en muchas otras ocasiones, el último.
Presionó mínimamente sobre el pedal del acelerador tratando de acortar tiempo y distancia. Sus dedos seguían tamborileando sobre el volante, las dos manos sujetas a ambos lados del mismo moviendo los dedos y tarareando con un "la, la, la..." la canción que sonaba.
De pronto, una curva excesivamente cerrada para la velocidad que llevaba, no se había percatado de la señal que acababa de dejar atrás, una que recomendaba ir a setenta kilómetros hora.
Brúscamente frenó mientras giraba el volante hacia su izquierda para tratar de ganar la curva. Vio que el coche se le inclinaba hacia la derecha. Rectificó de nuevo el giro del volante hacia esa misma dirección y el coche obedeció girando hacia la derecha y quedando totalmente cruzado en la carretera mientras comenzaba a dar vueltas de campana siguiendo la trayectoria de la carretera.
De frente, otra curva. El monovolumen siguió recto precipitándose barranco abajo dando vueltas de campana y arrastrando maleza, pequeños arbustos, pinos incipientes mientras miles de trozos de cristal saltaban por los aires y chispas de un rojo intenso iluminaban la poca niebla que en ese momento rodeaba el ambiente.
El monovolumen paró, totalmente destrozado, contra un enorme tronco de pino talado a media ladera. La música del interior del coche seguía sonando. El cinturón de seguridad seguía sujetando, contra el respaldo del asiento, a un cuerpo inerte. Las ruedas del monovolumen, girando y mirando al cielo, a ese cielo que se imaginaba por encima de la escasa niebla matinal.
Y en el salpicadero del coche tres fotografías sujetadas al mismo mediante una base imantada: dos niñas, rubias y de corta edad y una mujer de mediana edad. Debajo de las tres fotografías, una frase lapidaria: "Papá, no corras. Te esperamos"
A ambos lados de la carretera, árboles. Los más alejados se veían como desdibujados, borrosos, quietos. La tierra húmeda, y dentro del habitáculo del coche, una suave calor que hacía más desagradable, si cabe, la situación exterior del ambiente neblinoso.
Una música relajante acompañaba al conductor que, golpeteando con los dedos sobre el volante del coche iba acompañando el ritmo de la música.
Se dirigía a casa, a pasar unas felices navidades con la familia a quienes hacía más de tres semanas que no veía: ¡este maldito trabajo que me hace estar hoy aquí y mañana Dios sabe dónde...¡
La velocidad, algo alta. La carretera está bien, pensaba. Algo húmeda, pero bien.
Ya no hay tráfico, todos están en casa y yo, como en muchas otras ocasiones, el último.
Presionó mínimamente sobre el pedal del acelerador tratando de acortar tiempo y distancia. Sus dedos seguían tamborileando sobre el volante, las dos manos sujetas a ambos lados del mismo moviendo los dedos y tarareando con un "la, la, la..." la canción que sonaba.
De pronto, una curva excesivamente cerrada para la velocidad que llevaba, no se había percatado de la señal que acababa de dejar atrás, una que recomendaba ir a setenta kilómetros hora.
Brúscamente frenó mientras giraba el volante hacia su izquierda para tratar de ganar la curva. Vio que el coche se le inclinaba hacia la derecha. Rectificó de nuevo el giro del volante hacia esa misma dirección y el coche obedeció girando hacia la derecha y quedando totalmente cruzado en la carretera mientras comenzaba a dar vueltas de campana siguiendo la trayectoria de la carretera.
De frente, otra curva. El monovolumen siguió recto precipitándose barranco abajo dando vueltas de campana y arrastrando maleza, pequeños arbustos, pinos incipientes mientras miles de trozos de cristal saltaban por los aires y chispas de un rojo intenso iluminaban la poca niebla que en ese momento rodeaba el ambiente.
El monovolumen paró, totalmente destrozado, contra un enorme tronco de pino talado a media ladera. La música del interior del coche seguía sonando. El cinturón de seguridad seguía sujetando, contra el respaldo del asiento, a un cuerpo inerte. Las ruedas del monovolumen, girando y mirando al cielo, a ese cielo que se imaginaba por encima de la escasa niebla matinal.
Y en el salpicadero del coche tres fotografías sujetadas al mismo mediante una base imantada: dos niñas, rubias y de corta edad y una mujer de mediana edad. Debajo de las tres fotografías, una frase lapidaria: "Papá, no corras. Te esperamos"
martes, 25 de diciembre de 2007
¿Te acuerdas cuando...?
Ayer por la tarde fuí a La Capital a buscar a mis dos hijas para traerlas a Mi Localidad, había que pasar toda la familia junta la Nochebuena.
Llegamos a casa a las ocho de la tarde. La casa vacía. Mi señora nos había dejado una nota:
- Estoy en casa de tus padres. No tardéis.
Nos arreglamos y subimos. Allí estaban mis padres, mi señora y mi hermano con su esposa y sus dos hijos: Abrazos, besos, qué tal, palmadas, sonrisas...y la mesa puesta.
Comenzamos a cenar y mi hermano y yo, que a la hora del cachondeo nos compenetramos de miedo, comenzamos a hacer chistes, a contar anécdotas, a reír, a representar algunas historietas...mi hermano lloraba y no de dolor, precisamente. Mis sobrinos, mis hijas, mi señora y mis padres, también. Mi padre, algo menos, dado que la sordera que le domina hace que muchas de las cosas que se dicen se le queden a un palmo del oido. Todo perfecto, cena incluida, por supuesto.
Estuvimos de velada hasta cerca de las dos de la madrugada, hora en la que mi hija la mayor, que había estado trabajando todo el día y había madrugado, dijo que se caía de sueño. Nos fuimos a casa y mi hija la pequeña aún se fue con sus amigas volviendo a casa, justo cuando yo me levantaba para marcharme con la moto, es decir, a las diez de la mañana.
Claro, luego se ha levantado a las seis de la tarde. No está mal. Así también aguanto yo de juerga hasta las tantas. En fin, sabemos que son demasiado jóvenes y que es normal que hagan estas cosas.
Yo, tras la vuelta con mi moto he vuelto a casa de mis padres donde estaban todavía mi hermano con su familia. Hemos charrado un rato, hemos comentado todo lo ocurrido ayer y nos hemos despedido. Se tenían que marchar a La Capital puesto que, mañana, mi hermano trabaja.
Una Nochebuena perfecta, llena de alegria, risas, buen ambiente, buen humor, buena cena -sin pasarnos ni un pelo-, y, en definitiva, la familia reunida que es lo que yo más aprecio y deseo.
¿Estaremos el año que viene todos en las mismas condiciones, por lo menos, que hoy? Como dice el de la película: "¡Virgencita, que me quede como estoy...¡". Me conformaría con estar, por lo menos, como estoy ahora, y eso que llevo una temporada con mis problemas de vesícula que no le deseo ese mal ni a mi peor enemigo.
Vivir, pasar los días, pasar la vida en sí, ver crecer a la gente que quieres, verte envejecer frente a ellos, llenar la mente de recuerdos y el alma de sensaciones...ir llenando la mochila de nuestra vida hasta el momento de su completo llenado. Entonces cerraremos la mochila o, mejor dicho, la vaciaremos totalmente poniendo dicha mochila en la espalda de otro para que a su vez comience a llenarla de recuerdos, vivencias, ilusiones, esperanzas, alegrias, buenos y malos momentos...de vida en sí.
Y entonces alguien dirá:
- ¿Te acuerdas cuando...?
Feliz Semana.
Llegamos a casa a las ocho de la tarde. La casa vacía. Mi señora nos había dejado una nota:
- Estoy en casa de tus padres. No tardéis.
Nos arreglamos y subimos. Allí estaban mis padres, mi señora y mi hermano con su esposa y sus dos hijos: Abrazos, besos, qué tal, palmadas, sonrisas...y la mesa puesta.
Comenzamos a cenar y mi hermano y yo, que a la hora del cachondeo nos compenetramos de miedo, comenzamos a hacer chistes, a contar anécdotas, a reír, a representar algunas historietas...mi hermano lloraba y no de dolor, precisamente. Mis sobrinos, mis hijas, mi señora y mis padres, también. Mi padre, algo menos, dado que la sordera que le domina hace que muchas de las cosas que se dicen se le queden a un palmo del oido. Todo perfecto, cena incluida, por supuesto.
Estuvimos de velada hasta cerca de las dos de la madrugada, hora en la que mi hija la mayor, que había estado trabajando todo el día y había madrugado, dijo que se caía de sueño. Nos fuimos a casa y mi hija la pequeña aún se fue con sus amigas volviendo a casa, justo cuando yo me levantaba para marcharme con la moto, es decir, a las diez de la mañana.
Claro, luego se ha levantado a las seis de la tarde. No está mal. Así también aguanto yo de juerga hasta las tantas. En fin, sabemos que son demasiado jóvenes y que es normal que hagan estas cosas.
Yo, tras la vuelta con mi moto he vuelto a casa de mis padres donde estaban todavía mi hermano con su familia. Hemos charrado un rato, hemos comentado todo lo ocurrido ayer y nos hemos despedido. Se tenían que marchar a La Capital puesto que, mañana, mi hermano trabaja.
Una Nochebuena perfecta, llena de alegria, risas, buen ambiente, buen humor, buena cena -sin pasarnos ni un pelo-, y, en definitiva, la familia reunida que es lo que yo más aprecio y deseo.
¿Estaremos el año que viene todos en las mismas condiciones, por lo menos, que hoy? Como dice el de la película: "¡Virgencita, que me quede como estoy...¡". Me conformaría con estar, por lo menos, como estoy ahora, y eso que llevo una temporada con mis problemas de vesícula que no le deseo ese mal ni a mi peor enemigo.
Vivir, pasar los días, pasar la vida en sí, ver crecer a la gente que quieres, verte envejecer frente a ellos, llenar la mente de recuerdos y el alma de sensaciones...ir llenando la mochila de nuestra vida hasta el momento de su completo llenado. Entonces cerraremos la mochila o, mejor dicho, la vaciaremos totalmente poniendo dicha mochila en la espalda de otro para que a su vez comience a llenarla de recuerdos, vivencias, ilusiones, esperanzas, alegrias, buenos y malos momentos...de vida en sí.
Y entonces alguien dirá:
- ¿Te acuerdas cuando...?
Feliz Semana.
lunes, 24 de diciembre de 2007
La locura de las Navidades...
Esto es una locura, señores.
El consumismo y el "antes reviento que dejo de comer", están a la orden del día. El gastar por gastar, aunque no nos haga falta; el gastar por tener, aparentar, ponderar, dar a entender...el gastar por decir: "¡fíjate cuánto tengo y de qué calidad¡", eso es lo que hace que estén las tiendas, supermercados y todo tipo de negocios, hasta las trancas. Como si supiéramos con total seguridad que el fin del mundo y la escasez de todo tipo de alimentos y productos fuera a llegar mañana mismo.
Esta mañana me ha dado por dar una vuelta con mi moto. Hacía más de una semana que no la tocaba y tenía ganas de correr un poco.
A la vuelta he entrado por las calles más céntricas de Mi Localidad, donde está el meollo de la cuestión de tiendas, supermercados, bares, boutiques, tiendas de electrodomésticos, etc, etc...¡¡¡y no se podía pasar¡¡
Gente entrando y saliendo de todos los sitios. Gente cruzando las calles en manada, sin mirar si venían o no coches o motos, las aceras llenas, todo el personal con bolsas, con carros de compras, todos deprisa y ligeros...todo el mundo medio loco. Antes de entrar en el meollo de la locura he pasado por las dos gasolineras que hay en Mi Localidad y ambas llenas de coches: unos repostando, otros esperando para repostar, otros lavando los coches y soltando nubes de agua, otros esperando para entrar a lavar los suyos...¿Qué está pasando? ¿Qué pasa?.
Creo que estamos todos medio locos. Lo siento pero lo veo así.
Jamás he encontrado la zona centro tan abarrotada de gente, de coches, de crios, de movimiento, de calles llenas, de negocios a rebosar, de gentes cargadas hasta los topes...es el consumismo. Yo también me incluyo.
He ido a casa a de mis padres, a saludarles, pues esta noche cenamos allí con mi señora y mis hijas y con mi hermano, señora e hijos, ¡¡y ya tenían la mesa medio preparada...¡¡
Lo dicho: la locura del consumismo y del "antes reviento que me dejo nada en el plato".
Felices Fiestas
Feliz Semana
El consumismo y el "antes reviento que dejo de comer", están a la orden del día. El gastar por gastar, aunque no nos haga falta; el gastar por tener, aparentar, ponderar, dar a entender...el gastar por decir: "¡fíjate cuánto tengo y de qué calidad¡", eso es lo que hace que estén las tiendas, supermercados y todo tipo de negocios, hasta las trancas. Como si supiéramos con total seguridad que el fin del mundo y la escasez de todo tipo de alimentos y productos fuera a llegar mañana mismo.
Esta mañana me ha dado por dar una vuelta con mi moto. Hacía más de una semana que no la tocaba y tenía ganas de correr un poco.
A la vuelta he entrado por las calles más céntricas de Mi Localidad, donde está el meollo de la cuestión de tiendas, supermercados, bares, boutiques, tiendas de electrodomésticos, etc, etc...¡¡¡y no se podía pasar¡¡
Gente entrando y saliendo de todos los sitios. Gente cruzando las calles en manada, sin mirar si venían o no coches o motos, las aceras llenas, todo el personal con bolsas, con carros de compras, todos deprisa y ligeros...todo el mundo medio loco. Antes de entrar en el meollo de la locura he pasado por las dos gasolineras que hay en Mi Localidad y ambas llenas de coches: unos repostando, otros esperando para repostar, otros lavando los coches y soltando nubes de agua, otros esperando para entrar a lavar los suyos...¿Qué está pasando? ¿Qué pasa?.
Creo que estamos todos medio locos. Lo siento pero lo veo así.
Jamás he encontrado la zona centro tan abarrotada de gente, de coches, de crios, de movimiento, de calles llenas, de negocios a rebosar, de gentes cargadas hasta los topes...es el consumismo. Yo también me incluyo.
He ido a casa a de mis padres, a saludarles, pues esta noche cenamos allí con mi señora y mis hijas y con mi hermano, señora e hijos, ¡¡y ya tenían la mesa medio preparada...¡¡
Lo dicho: la locura del consumismo y del "antes reviento que me dejo nada en el plato".
Felices Fiestas
Feliz Semana
sábado, 22 de diciembre de 2007
La LOTERIA: ¡¡Ni un clavel...¡¡
Dicen, o decimos tras comprobar que no nos ha tocado ni un clavel, que hoy es el día de la SALUD.
Mientras los crios esos de voz chillona van gritando número tras número, seguimos con la ilusión y la esperanza de que en una de esas se equivoquen y vociferen uno de nuestros números, a ser posible ese en el que más dinero hemos gastado, pero conforme van saliendo los segundos premios, los quintos, los cuartos, los terceros...aún parece que algo nos mantiene ilusionados, aunque ninguno de los números que tenemos pertenezca al grupo de los que ya han cantado, siempre nos queda la esperanza del primero.
Pero llega el primero, lo gritan, la gente mira sus números, los bombos dejan de girar, los periodistas preparan sus cámaras, la televisión enfoca las manitas de los niños con las bolitas entre sus dedos, nosotros miramos nuestros números con los ojos muy abiertos, y comprobamos, atónitos, que no nos coincide ni uno.
Es entonces cuando decimos eso de "SALUD que tengamos, que hambre no nos ha de faltar..."
Luego ves esos reportajes de televisión con la gente saltando, agitando botellas de cava y tirándolo al aire o a la cabeza de alguien, y nosotros nos quedamos, quietos en nuestro sofá, mirando con cara de gilipollas esas escenas sin mover ni un solo músculo.
Y volvermos a pensar sin decirlo: "SALUD que tengamos, que hambre no nos ha de faltar...¡¡mecagüenlalecheputa¡¡"
En fin, lo dicho: SALUD. Otro año será. ¿O tampoco?.
Y encima sigue lloviendo y se me sigue mojando la techumbre de madera que me han puesto en mi nueva casa....Y tal y como está el tiempo, además, sin poder salir con la moto. Sólo me falta quedarme preñao...
Felices Fiestas y Próspero Año 2008
Feliz Fin de Semana.
Mientras los crios esos de voz chillona van gritando número tras número, seguimos con la ilusión y la esperanza de que en una de esas se equivoquen y vociferen uno de nuestros números, a ser posible ese en el que más dinero hemos gastado, pero conforme van saliendo los segundos premios, los quintos, los cuartos, los terceros...aún parece que algo nos mantiene ilusionados, aunque ninguno de los números que tenemos pertenezca al grupo de los que ya han cantado, siempre nos queda la esperanza del primero.
Pero llega el primero, lo gritan, la gente mira sus números, los bombos dejan de girar, los periodistas preparan sus cámaras, la televisión enfoca las manitas de los niños con las bolitas entre sus dedos, nosotros miramos nuestros números con los ojos muy abiertos, y comprobamos, atónitos, que no nos coincide ni uno.
Es entonces cuando decimos eso de "SALUD que tengamos, que hambre no nos ha de faltar..."
Luego ves esos reportajes de televisión con la gente saltando, agitando botellas de cava y tirándolo al aire o a la cabeza de alguien, y nosotros nos quedamos, quietos en nuestro sofá, mirando con cara de gilipollas esas escenas sin mover ni un solo músculo.
Y volvermos a pensar sin decirlo: "SALUD que tengamos, que hambre no nos ha de faltar...¡¡mecagüenlalecheputa¡¡"
En fin, lo dicho: SALUD. Otro año será. ¿O tampoco?.
Y encima sigue lloviendo y se me sigue mojando la techumbre de madera que me han puesto en mi nueva casa....Y tal y como está el tiempo, además, sin poder salir con la moto. Sólo me falta quedarme preñao...
Felices Fiestas y Próspero Año 2008
Feliz Fin de Semana.
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